En los años treinta, hacer la compra era casi un ejercicio de resistencia. Los clientes recorrían los pasillos con bolsas de papel o pequeñas cestas en la mano, cargando peso mientras intentaban seguir llenando sus compras. Aquella incomodidad limitaba las ventas y la experiencia de compra.
Sylvan N. Goldman, un empresario visionario de Oklahoma, observó este problema de cerca en su cadena de ultramarinos. Al principio intentó una solución sencilla: que los empleados ofrecieran cestas vacías y transportaran las llenas hasta la caja. Pero el sistema se volvió caótico: los pasillos estrechos y el ir y venir de los dependientes molestaban más de lo que ayudaban.
Fue entonces cuando surgió la idea que lo cambiaría todo. Goldman adaptó una silla plegable, le colocó ruedas y encima una cesta de alambre. Así nacieron los primeros carros de supermercado. Sin embargo, al principio la gente los rechazó: algunos los asociaban con carritos de bebé, otros los consideraban poco elegantes.
Lejos de rendirse, Goldman contrató actores de distintas edades para recorrer la tienda con naturalidad usando aquellos carros. Y funcionó: en 1937, los carros de supermercado comenzaron a abrirse paso en los autoservicios de Estados Unidos.
La historia no terminó ahí. Los primeros modelos ocupaban demasiado espacio y debían desmontarse para almacenarse. En 1947, Orla E. Watson introdujo la puerta trasera batiente, que permitía encajar los carros unos dentro de otros. Era el nacimiento del sistema de carros encajables, una innovación clave que facilitó su expansión mundial.
Con el tiempo, la evolución se centró en los materiales: del metal se pasó a las combinaciones híbridas de estructura metálica con cestas de plástico, hasta llegar a los carros de plástico completos, resistentes y ligeros.
Y aquí es donde entra Carttec, continuadora de esta historia de innovación. Si Goldman resolvió el problema de cargar peso y Watson optimizó el espacio, Carttec ha perfeccionado la esencia: cestas de supermercado adaptadas a las nuevas formas de consumo.
Nuestras cestas son más que un recipiente: son ligeras, ergonómicas y duraderas, pensadas para el autoservicio moderno donde la experiencia del cliente manda. A diferencia de las cestas rígidas de antaño, las de Carttec integran diseño y comodidad, convirtiéndose en un aliado silencioso de cada compra.
Así, lo que empezó como una simple cesta de supermercado en 1936, hoy sigue evolucionando para dar forma a la experiencia de compra del futuro.

